Sudor en líneas rectas y venas gruesas palpitantes, son casi excitantes
me gritan que aún hay vida y que los dedos negros de metal no están en vano
el temor a perderse las guía al temblor, a morir como orugas para buscar volar
usan el vaho del vidrio para escribir un nombre, a que pueda renacer cada vez que se sientan solas.
De los escombros recuerda un escalofrío
el desprecio hace más dulce el sabor de lo que nunca ha sido
arterias de luna acompañan nuestra noche y nos permiten
amar en su sangre, pues la nuestra ha perdido su valor
la nuestra ya se ha ido.
¿De qué sirven las lágrimas, en esencia, que se pudren y no sentirás o no sentiré?
Hemos partido y nadie espera nada ni nadie nos espera, nuestros nombres se rasgan con sangre en el tiempo
pudiésemos morir ahora, con la mañana silbándonos camino
pudiésemos con un beso
y despertarnos cuando el escalofrío haya aplacado ya nuestros cuerpos
nadie lo sabrá, ni yo mismo después de un tiempo.
El vaho regresa vibrando a los pulmones, y en su destino acaricia por tus manos
aquellas ansias que nunca se adormecen y permanecen eternas junto con ese escalofrío
regresa junto a ti, a tus besos, la eternidad de nuestra muerte y la perdición de nuestras lágrimas
regresa con el cuerpo que nunca debió alejarse del mío, su olor a madera caliente sobre mi pecho
con mi amor por la silueta de su cuerpo cristal.
amar en las arterias de la luna ,cuando nuestra noche se ha perdido,girar en ese corazón blanco de luz ajena, en el más bello ESCALOFRÍO, tu poema. saludos!!!
ResponderEliminarGRACIAS!!! Claudia, veo que me entiendes, me sentía un poco vacío...
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